
A CRISTINA EN CARTA Y POEMA
Esto es sólo un poema, sólo eso;
y ya sabemos lo tramposa que es la poesía.
Pero déjame decirte, Cristina,
que desde que te conozco me cuesta mucho llorar;
la angustia se ha hecho un nudo a sí misma
y de los cordones están naciendo flores,
mis nervios se han ido a un spa
y tengo la sensación constante de estar agradecido.
Déjame contarte que ahora canto
y apareces en mi mente como una nota casual;
te silbo y la gente sonríe,
te susurro y llega la noche llena de luna;
quiero reconocerte que siempre has sido un secreto,
de esoso que se escondes junto con los cromos,
de esoso que nunca deberían contarse
porque dejarían de ser una leyenda.
Déjame recordarte que desde que toqué
el trozo de piel que va desde tu cuello a tu hombro
supe que me robaste las mariposas del estómago
para hacerte un traje de seda;
déjame reafirmarte que además tienes talento,
y no de ése con el que se escriben poesías,
sino otro distinto con el que se construyen universos:
a mano alzada de Dios, lápiz en ristre,
esperando la belleza a ser perfilada,
nuevos sabores para amaneceres especiales,
sombras chinescas a través de tu cortina
y la magia saliendo viva de la espiral de tus ojos,
interrumpiendo el movimiento de rotación con un baile,
poniendo antifaz a las nubes cuando hablas
y mejilas sonrojadas al sol cuando brillas.
Déjame saberte cierta como si fueras un hada,
déjame imaginar que eres un hecho dichoso
y que de ti ha de sacarse la materia
con la que se forjan las voces nocturnas,
y los rezos y los suspiros y los colores del cielo.
Déjame despedirme y agradecerte:
desde que sé que existes en este mundo
recomiendo encarecidamente la vida.
A Críspula, con mi admiración aturdida
Esto es sólo un poema, sólo eso;
y ya sabemos lo tramposa que es la poesía.
Pero déjame decirte, Cristina,
que desde que te conozco me cuesta mucho llorar;
la angustia se ha hecho un nudo a sí misma
y de los cordones están naciendo flores,
mis nervios se han ido a un spa
y tengo la sensación constante de estar agradecido.
Déjame contarte que ahora canto
y apareces en mi mente como una nota casual;
te silbo y la gente sonríe,
te susurro y llega la noche llena de luna;
quiero reconocerte que siempre has sido un secreto,
de esoso que se escondes junto con los cromos,
de esoso que nunca deberían contarse
porque dejarían de ser una leyenda.
Déjame recordarte que desde que toqué
el trozo de piel que va desde tu cuello a tu hombro
supe que me robaste las mariposas del estómago
para hacerte un traje de seda;
déjame reafirmarte que además tienes talento,
y no de ése con el que se escriben poesías,
sino otro distinto con el que se construyen universos:
a mano alzada de Dios, lápiz en ristre,
esperando la belleza a ser perfilada,
nuevos sabores para amaneceres especiales,
sombras chinescas a través de tu cortina
y la magia saliendo viva de la espiral de tus ojos,
interrumpiendo el movimiento de rotación con un baile,
poniendo antifaz a las nubes cuando hablas
y mejilas sonrojadas al sol cuando brillas.
Déjame saberte cierta como si fueras un hada,
déjame imaginar que eres un hecho dichoso
y que de ti ha de sacarse la materia
con la que se forjan las voces nocturnas,
y los rezos y los suspiros y los colores del cielo.
Déjame despedirme y agradecerte:
desde que sé que existes en este mundo
recomiendo encarecidamente la vida.
A Críspula, con mi admiración aturdida



